Tuberculosis

La tuberculosis (TB) es
una infección producida por una bacteria de la familia de las micobacterias;
principalmente, Mycobacterium
tuberculosis (aunque hay otras micobacterias que pueden producir la
enfermedad: Mycobacterium africanum,
M. bovis, M. canetti, y M. microti). Habitualmente
provoca tos, fiebre, expectoración, en ocasiones con sangre, cansancio e
incluso pérdida de peso.
La tuberculosis también es conocida como bacilo de Koch, en referencia a su forma alargada y a su
descubridor, Robert Koch, que consiguió, en 1882, aislar la bacteria de las
flemas expulsadas por los pacientes con síntomas similares. De esta forma, pudo
demostrar que era contagiosa y, separando a estos pacientes de las personas
sanas (la conocida cuarentena) se impedía la diseminación de la bacteria.
Hablar de tuberculosis hoy en día nos retrotrae a tiempos pasados,
pero, aunque se trata de una infección prevenible, es todavía la segunda
enfermedad infecciosa más importante a nivel mundial (tras el SIDA) y una de las que más
muertes produce, a pesar de los adelantos en el diagnóstico y la eficacia de
los tratamientos. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se
calcula que en 2011 enfermaron de
tuberculosis 8,7 millones de personas –500.000 eran niños–, de los
cuales murieron como consecuencia de la enfermedad 1,4 millones de personas. La
mayoría de estas cifras corresponden a países poco desarrollados y de economía
pobre.
Causas de la tuberculosis
El
contagio de tuberculosis ocurre
cuando la persona sana inhala microscópicas gotas de saliva procedentes del
enfermo (llamadas aerosoles), que se generan cuando este tose o estornuda.
Estas gotas con bacterias tienen un tamaño muy pequeño y llegan a zonas
profundas del pulmón de
la persona sana, donde podrían proliferar dando lugar a la enfermedad. Aunque
el pulmón es el principal órgano en el que se desarrollan los daños, hay otras
localizaciones del organismo que pueden verse afectadas (ver apartado tipos de
tuberculosis).
En
los lugares espaciosos, bien ventilados o al aire libre, el contagio es complicado. Esto se
debe a que, aunque las gotitas minúsculas pueden quedar suspendidas cierto
tiempo en el aire, terminan por diseminarse y perder su capacidad infectiva.
Pero en los lugares cerrados, mal
ventilados, estas gotas pueden acumularse en el ambiente, alcanzando una gran
concentración y facilitando así la inhalación de las mismas. Es por este motivo
que en las regiones o zonas en las que se vive en condiciones de pobreza o hacinamiento es más plausible el contagio de
tuberculosis.
Síntomas de tuberculosis
Los
síntomas de tuberculosis que se tratan en este apartado corresponden a la tuberculosis pulmonar, la más común. No obstante, no hay
que olvidar que hay otros tipos de tuberculosis, ya que puede afectar a otras
zonas del organismo.
El
nombre 'tuberculosis' proviene de la tendencia de la bacteria a formar granulomas o tubérculos en los pulmones. En muchos casos,
las primeras etapas de la enfermedad se desarrollan sin síntomas. En estos
casos, el diagnóstico se establece cuando se realizan análisis al paciente para
detectar la presencia de otras patologías y se descubre por casualidad la
bacteria. En estadios más avanzados, los síntomas de la tuberculosis son
bastante inespecíficos, es decir, pueden ser comunes a muchas enfermedades.
Estos suelen ser:
- Tos: es el más importante. No solo porque se trata de una patología pulmonar, sino porque es el mecanismo de contagio más frecuente. Al ser tan común a muchas enfermedades, en muchos casos puede que no se le conceda importancia. Por ello, es importante que se consulte al médico cuando la tos dure más de dos semanas.
- Expectoración: se expulsan flemas, a veces acompañadas de sangre.
- Febrícula: es una fiebre de solo unas décimas, que suele aparecer al final del día.
- Pérdida del apetito y pérdida de peso: también bastante comunes en muchas patologías.
- Sudoración por las noches.
- Dolor en el pecho: debido a la presión que produce la infección en los pulmones.
- Fatiga y cansancio excesivo en relación al esfuerzo realizado: la función pulmonar puede estar comprometida, y por ello resulta dificultoso hacer llegar oxígeno a los pulmones y, de ahí, al resto del cuerpo.

Cuando
la bacteria comienza a multiplicarse en el pulmón, va colonizando el tejido. En
fases más avanzadas de la enfermedad, es muy característica la aparición de
pequeños huecos en el pulmón, facilitando que las bacterias se diseminen.
Tratamiento de la tuberculosis
Esta
enfermedad infecciosa puede tratarse, pero el tratamiento de la tuberculosis es largo y un tanto
complejo. Se basa en la toma de varios antibióticos
durante periodos de tiempo nunca inferiores a seis meses. Suelen combinarse dos
antibióticos durante los seis meses (isoniazida y rifampicina
son los más frecuentes), pero asociando uno o dos antibióticos más durante los
primeros dos meses, para que la actuación sobre la bacteria sea más agresiva
desde el principio.
Aunque
hay tratamientos estándar para la tuberculosis, el médico recetará el que considere
más adecuado para cada caso y en la dosis exacta.
Eh, buen blog compañera
ResponderEliminarBuen trabajo amiga :)
ResponderEliminarESTA BIEN TU ARTICULO. NO TE OLVIDES DEL EXAMEN
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